El Estado el principal controlador de los vicios

El Estado el principal controlador de los vicios

Según los sabios de la antigüedad, el Estado existe para nutrir la virtud. Pero a juzgar por los hechos en la modernidad, sólo sirve para monopolizar los vicios.

Aristóteles lo expresó “el fin del Estado es el bien supremo”  pensando en el bien de forma ética, no en el bienestar material. Su confianza en el propósito moral de la política era uno de los pocos principios que compartía con Platón, su maestro, con quien, como buen alumno solía discutir tenazmente.

El estado no sirve a la virtud

La práctica desmintió esas teorías de buena voluntad. Las utopías proyectadas por filósofos quedaron grandes o inalcanzables. En la modernidad hemos abandonado la idea de que el Estado pudiera servir a aumentar la virtud.  Este existe para realizar sus propios intereses o al materialismo, que reconoce el hecho de que la política es más o menos impotente y lo mejor que se puede esperar es lograr  controlar, tal vez, los efectos de los desastres, o procurando que la sociedad se mantenga sin intentar que mejorar en el sentido moral.

Si la virtud parece inalcanzable, los vicios son, por lo visto, inevitables. En una sociedad compuesta de seres humanos, hay que aguantar la permanencia de esos excesos típicos de nuestra especie, de egotismo, violencia, crueldad, desigualdad, explotación y el consumo de estupefacientes como la marihuana que era muy común en la época por sus cultivos. El Estado no es capaz ni de practicar las virtudes ni de difundirlas entre los ciudadanos. No tiene medios para poder suprimir los vicios sin anular la libertad. En cambio, él tiene otra capacidad: puede adsorber  los vicios y hacer que no queden restos para los demás.

Un caso ejemplar es el de la violencia. En los últimos dos o tres siglos, en los países desarrollados, el Estado no ha podido ni ha intentado eliminar la violencia, pero sí ha logrado negar a los ciudadanos, hasta ejercer un control casi exclusivo.

La violencia es manejada por el Estado

En los siglos XIX y XX el Estado manejaba grandes innovaciones tecnológicas  armas y medios de comunicación  que permitieron desarmar a las mafias y a los criminales, quienes, junto con los terroristas, son los últimos que disputan la exclusiva estatal del ejercicio de la violencia. Por lo que el auténtico motivo de esta revolución benigna: la violencia sigue practicándose de una forma abrumadora, pero por los estados en lugar de por los individuos.

Por lo que Históricamente así como otros vicios ha sido normal que las sustancias adictivas sean monopolios estatales. Algunos casos siguen en vigencia. Como por ejemplo, en 18 estados de EEUU la venta de bebidas alcohólicas es un privilegio de las autoridades, conforme al capitalismo, que es la ideología predominante del país, los gobiernos estatales contratan a empresas particulares para mantener el suministro al público.

Pero, si hay rentas que ganar con actividades dañosas, el Estado hace bien en negar a los empresarios los efectos corruptos de participación en un mercado inmoral.

Otro ejemplo de esto, es que Uruguay recientemente propuso una ley concediendo al Gobierno el monopolio del trato de marihuana para combatir el narcotráfico. Entregar el suministro de los vicios al Estado nos beneficia a todos. Los consumidores se protegen de sus tendencias auto abusivas. Los suministradores se salvan de los efectos moralmente destructivos.

He aquí el encanto de la propuesta. Cuanto menos eficaz es el suministro de vicios, más felices seremos.

¡Interesante verdad! como el estado es el principal controlador de los vicios. ¿Qué opinas? comparte tu opinión con nosotros.

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