August 2017

El Estado el principal controlador de los vicios

El Estado el principal controlador de los vicios

Según los sabios de la antigüedad, el Estado existe para nutrir la virtud. Pero a juzgar por los hechos en la modernidad, sólo sirve para monopolizar los vicios.

Aristóteles lo expresó “el fin del Estado es el bien supremo”  pensando en el bien de forma ética, no en el bienestar material. Su confianza en el propósito moral de la política era uno de los pocos principios que compartía con Platón, su maestro, con quien, como buen alumno solía discutir tenazmente.

El estado no sirve a la virtud

La práctica desmintió esas teorías de buena voluntad. Las utopías proyectadas por filósofos quedaron grandes o inalcanzables. En la modernidad hemos abandonado la idea de que el Estado pudiera servir a aumentar la virtud.  Este existe para realizar sus propios intereses o al materialismo, que reconoce el hecho de que la política es más o menos impotente y lo mejor que se puede esperar es lograr  controlar, tal vez, los efectos de los desastres, o procurando que la sociedad se mantenga sin intentar que mejorar en el sentido moral.

Si la virtud parece inalcanzable, los vicios son, por lo visto, inevitables. En una sociedad compuesta de seres humanos, hay que aguantar la permanencia de esos excesos típicos de nuestra especie, de egotismo, violencia, crueldad, desigualdad, explotación y el consumo de estupefacientes como la marihuana que era muy común en la época por sus cultivos. El Estado no es capaz ni de practicar las virtudes ni de difundirlas entre los ciudadanos. No tiene medios para poder suprimir los vicios sin anular la libertad. En cambio, él tiene otra capacidad: puede adsorber  los vicios y hacer que no queden restos para los demás.

Un caso ejemplar es el de la violencia. En los últimos dos o tres siglos, en los países desarrollados, el Estado no ha podido ni ha intentado eliminar la violencia, pero sí ha logrado negar a los ciudadanos, hasta ejercer un control casi exclusivo.

La violencia es manejada por el Estado

En los siglos XIX y XX el Estado manejaba grandes innovaciones tecnológicas  armas y medios de comunicación  que permitieron desarmar a las mafias y a los criminales, quienes, junto con los terroristas, son los últimos que disputan la exclusiva estatal del ejercicio de la violencia. Por lo que el auténtico motivo de esta revolución benigna: la violencia sigue practicándose de una forma abrumadora, pero por los estados en lugar